Ree Morton encuentra en los elementos más furtivos resonancias que le permiten hilar emocionantes discursos y moderar el rigor formal de la vanguardia de los 70.

 

No hay nada en la retrospectiva de la norteamericana Ree Morton (en el Reina Sofía, 2015), estética, imagen o regusto que permita suponer que las piezas son de los años 70 y no de ahora.

En apenas 8 años, del 68, cuando tenía 32, al 77, momento en que murió atropellada, Morton fue capaz de definir un falso light muy actual. En literatura, el falso light consiste en tratar grandes temas con humor excéntrico para aligerarlos. Lo que Morton alivia alegremente es el lenguaje plástico vanguardista. En concreto, el minimalista y el conceptual. Y lo formula claramente en una pieza del 75 que reza: No te preocupes. Sólo te leeré las partes buenas.

Fíjense y comparen porque, al entrar en la exposición, pasan por una sala que contiene obras del minimalista, contemporáneo de Morton, Carl André. Sus austeras retículas de cuadrados de distintos materiales indican el esfuerzo por mostrar, materialmente, y de la manera más simple posible, el concepto de retícula. ¿Cuál es la parte buena del minimalismo de André que nos enseña Morton en sus primeros dibujos? Aferrándose a la cuadrícula ella también, coloca en las intersecciones unos puntos que se van convirtiendo en pequeñas áreas circulares, unas veces perforadas y otras dibujadas, hasta que, en una pirueta final, los antiguos puntos se transforman en graciosos cráteres ordenados de una manera ortopédica (no natural), es decir, siguiendo una cuadrícula que es lo que ambos quieren que advirtamos. Finalmente, la materialidad, la visibilidad, del concepto de orden en Morton y André resultan plásticamente muy diferentes.

Observen sino el modo en que se comportan las líneas en forma de Y (i griega) de esta pieza del año 71-73: adoptan la delirante estructura de un juego de palabras. Pueden ser y significar muchas cosas a la vez, por ejemplo, el dibujo del pubis de una mujer. Pero también podemos verlas como objetos encontrados: dos ramas que tienen esa forma. O concebirlas como una función, en este caso, constructiva, ya que sujetan un haz de ramas y muestran la manera de edificar el techo de una cabaña. Y aún podríamos ver esa construcción como un marco que acota un espacio bidimensional. Dentro de ese espacio se encontraría un esquema: el de las dos íes griegas dibujadas sobre el lienzo. Pero lo más curioso es que este sistema de posibilidades significativas de una forma simple (como es la Y) tiene atmósfera. Una como de kitsch alpino, que es, una vez más, la parte buena (light) del trabajo con elementos plásticos muy restringidos o muy simples. Se trata de dejarse conmover por las poesías, lugares o imágenes que Morton puede montar con apenas casi nada.

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